New Mexico Abolishes the Death Penalty!

March 23, 2009

Back from Spring Break today and I received some truly wonderful news.

The death penalty has been abolished in New Mexico!

After Governor Bill Richardson signed the bill, New Mexico is now the 15th state in America that no longer executes human beings.

Congratulations to all the many people who have worked so hard in New Mexico and can now celebrate a fantastic victory.

Thank you to all who continue to fight for justice and human rights.

Thank you to all who refuse to be on the side of the executioners.

Today is a great day.

ABOLITION IN NEW MEXICO!

http://www.abqjournal.com

BREAKING: Death Penalty Dead
By Dan Boyd

Gov. Bill Richardson signs death penalty bill, which ends executions in New Mexico.

Richardson announced he would sign the bill at a 6 p.m. press conference today in Santa Fe.

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SANTA FE (AP) — Gov. Bill Richardson says he is signing a bill repealing New Mexico’s death penalty.

The bill replaces lethal injection with a sentence of life in prison without the possibility of parole.

The governor faced a deadline of midnight for making a decision on the bill that lawmakers sent him last week.

New Mexico is only the second state to ban executions since the U.S. Supreme Court reinstated the death penalty in 1976.

It joins 14 other states that do not have capital punishment.

New Mexico has executed nine men since 1933. The most recent execution was in 2001.

There are two men on death row whose sentences are not affected by the repeal.

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Junot Diaz interview in Spanish

March 3, 2009

junotdos

This interview was published by the arts & culture website REVISTA Ñ which is run by the Buenos Aires newspaper Clarín.

I haven’t seen too many interviews with Junot Diaz conducted entirely in Spanish.

An interesting range of topics from his latest novel, the immigrant experience in America, his use of Spanglish in his novel and more.

Junot refers to his sister’s kids as not being “spanglishparlantes”

Hillarious!!!!!!

“Ser inmigrante es como ser alcohólico: eso nunca se quita”

Entrevista al dominicano ganador del Premio Pulitzer 2008, que estará en Buenos Aires para la Feria del Libro.

Logró reconocimiento y atrajo lectores con su primera novela, escrita en un inglés mezclado con castellano que refleja el habla de los inmigrantes.
Por: Patricia Kolesnicov

¿No era que un escritor era, justamente, alguien con gran, gran dominio del lenguaje? ¿Tanto que podían florearse por diferentes registros? Bueno, miren lo que le dice a Clarín Junot Díaz, el dominicano que ganó el año pasado el Premio Pulitzer (el premio literario más importante de los Estados Unidos) por su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao:

—Los amigos míos dicen que hablo un español muertísimo y que también hablo un inglés muertísimo. Entonces, me parece que yo no tengo una lengua donde me siento muy cómodo.

Justamente. Cuando el jurado eligió la novela de Díaz, elegía un texto escrito en el inglés de un inmigrante “latino”, un inglés mezclado, revuelto con alguna de tantas versiones del español. Y elegía también el imaginario, los mitos, los miedos que esos inmigrantes cargaron consigo a través del Caribe. Y los nuevos, los que aprendieron en el Norte.

Díaz, el novelista incómodo en todas sus lenguas, estará en mayo en Buenos Aires para participar en la Feria del Libro, auspiciado por la embajada de Estados Unidos y Revista Ñ. Además de hablar en público y presentarse con escritores, viene a visitar amigos (“Toditos abogados”) y no está en sus planes nada como ver fútbol (“Soy muy aburrido”) ni recorrer ningún lugar en particular (“Yo prefiero la gente a los edificios”).

Desde que le dieron el premio, su libro -es su primera novela, antes había escrito cuentos- entró en las listas de best sellers en los Estados Unidos y su nombre recorrió el continente. ¿Por qué? El dijo por ahí que su historia “sólo podía ocurrir en (norte)América”. La historia del ascenso social. La historia de cómo el chico que creció en un barrio con vista a un basural se volvió un escritor consagrado. “Me da risa -supo decir-, cada vez que estoy en las reuniones de docentes del MIT, la gente anda como ‘Tengo un Premio Nobel’, O ‘Tengo un Premio Pritzker’. Y yo: ‘Mis padres fueron ilegales'”.

En breve (aunque la brevedad impide hacer justicia al libro): la novela premiada cuenta la historia de Óscar De León, un dominicano negro, gordo, y, palabra clave, nerd. Es decir, algo bastante parecido a un “traga”, que además tiene poco éxito en las relaciones sociales. En definitiva: alguien que rompe con el deber ser del estereotipo caribeño: seductor, canchero, deportista. Óscar (le dirán Wao por la pronunicación “latina” de “Wilde”) no es nada de eso. Y no, no le va bien.

Desde Estados Unidos, en el teléfono, Díaz empieza cauteloso, serio. Pero se irá soltando.

—¿Qué tiene que ver su vida con la de Óscar Wao?

—Uf, no mucho.

—Yo pensaba que un poco sí; usted fue a buenas universidades, se escapaba del barrio a la biblioteca…

—Imagínate, no conozco un escritor que no sea nerd. Yo soy nerd-nerd-nerd. Pero no tan nerd como Óscar. Hay niveles: si Óscar es un 8, yo soy un 3.

—Casi normal…

—La mayoría de mis amigos es un 1. No les encanta leer, no les gusta la literatura, no quieren saber de cómics. Dije que soy un 3, vamos a decir un 5, eso es más justo.

—¿Cuáles son sus características como nerd?

—Me encanta leer. Esa es la enfermedad que se me pegó. Mira, si alguien tiene un librero en su casa y, digamos, una botella de ron abierta, yo primero me acerco al librero.

—¿Cómo le dio esa enfermedad?

—Cuando emigré a Estados Unidos, yo tenía seis años. Creo que fue una reacción, una manera de sobrevivir, tú sabes, esa vaina tan difícil de la emigración, a veces un muchacho busca la forma de sentirse capaz, busca una forma de sobrevivir. La lectura me ayudó. Mira, yo vengo de una familia muy militar. A mis hermanos, a mi papá, la única vaina que les interesaba era el boxeo. Para mí, un muchacho sensible, festivo, eso era demasiado salvaje.

—¿Fue difícil en esa familia convertirse en escritor?

—Imagínate, coño. Me tenía que esconder de mi propia familia. Tenía que esconder los libros para que no se burlaran.

—Usted ganó este premio con una novela medio en español. ¿Mejoró la situación de los latinos en Estados Unidos? ¿Las segundas generaciones ya no tienen que abandonar el español?

—El público norteamericano se está acostumbrando a ver un inglés bien mezclado con español. Para un latino, eso significa que se está mejorando el ambiente, porque en los Estados Unidos hay un prejuicio contra el español bastante grande.

—¿Un prejuicio de clase?

—Claro que hay un prejuicio de clase, pero también hay un prejuicio contra el idioma. Yo veo amigos míos, que son riquísimos, blanquitos, que vienen de buenísima familia, y cuando llegan a los Estados Unidos, no hablan ni papa de español.

—Eso los vuelve negros…

—Se vuelven negros, o peor, se vuelven malditos ilegales. Entonces, hay ese prejuicio en la cultura en general. Aunque yo he visto muchos cambios, los Estados Unidos siguen siendo un país, una cultura muy, muy antilatina.

—Ni inglés ni español. ¿Quién entiende su libro completamente?

—Cuando una novela tiene personajes que le llegan a la gente, yo creo que los lectores aguantan mucha mierda. Aunque encuentren palabras que no entienden. Yo creo que gané este maldito público por mis personajes. Y creo que a mucha gente que ha leído esta novela no le importa ni culo la cultura latina, ni quieren saber nada con el español, pero aguantaron por los personajes.

—Y lo que no entendieron, lo imaginaron.

—Tú sabes cómo es eso de leer, el lector está acostumbrado a no conocer muchas palabras. Y hay gente a la que le encanta ver el español mezclado con el inglés.

—Obama también es un hombre “mezcla”. ¿Es un clima de época? ¿Se acabaron los “puros”?

—Yo no creo ser tan optimista. Una cultura como la de Estados Unidos tiene varias ramas. Una es ese punto de vista, que somos todos mezcladitos, que no hay nada que valga la pena que no venga de otras cosas, de diferentes raíces. Pero también hay zonas de la cultura norteamericana que sueñan con una cultura pura.

—Anglosajona.

—Pureza, blanquedad. Dos impulsos existen en Estados Unidos. Nosotros somos la generación que metió a Obama en la Casa Blanca. Pero también la que quiere botar a los inmigrantes. Y ahora… cuando la economía se pone malísima la gente inmediatamente le cae encima a los inmigrantes.

—¿Hay un deseo de quedarse afuera de esa sociedad anglosajona cuando se habla spanglish?

—¡Yo no hablo spanglish, mi amor! Yo soy el único de la familia que habla un español tan muerto, y eso porque me crié con morenos, con african-americans. Mis hermanas, sus hijos, toditos hablan un español perfecto. Y sus hijos no son nada de spanglishparlantes.

—Pero usted escribe en spanglish.

—Bueno, no, porque mira, no es spanglish. Pero hay muchísimos escritores que mezclan inglés y español y nadie les pega spanglish. Yo creo que lo que sucede en esta novela es code-switching (NdeR: la mezcla de varios idiomas en una frase) entre español e inglés. La nueva generación es completamente bilingüe, habla bien los dos idiomas.

—Es decir que usted no le tiene ninguna fe al spanglish como idioma.

—¡Pero por favor! ¡Nunca! No veo al spanglish como un idioma, lo veo como una etapa.

—¿Cómo se siente cuando va a Santo Domingo?

—Es muy complejo. Me siento un inmigrante. Pero de otro tipo que en Estados Unidos.

—¿En Estados Unidos todavía se siente un inmigrante?

—¡Claro! ¿Tú crees que cuando uno domina el idioma y conoce más o menos la cultura eso cambia? Ser inmigrante es como ser alcohólico. Eso nunca se quita. Mis hijos, si nacen acá, no van a ser inmigrantes. Pero yo, siempre. Siempre, siempre, siempre.